Cinco cosas que deben desaparecer de las iglesias pentecostales

Todos tenemos la responsabilidad de contribuir a la edificación de iglesias saludables. Jesucristo nos ha invitado a ser sus colaboradores en el ministerio. Según hemos sido formados y nutridos por Dios, a través de la iglesia, también tenemos la obligación de fomentar el bienestar espiritual del Cuerpo del que somos parte. Por eso, comparto cinco cosas que deben desaparecer de las iglesias pentecostales para que seamos iglesias más saludables.

Sermones sin contenido bíblico – La predicación dinámica y la entrega con gran pasión deben ser gobernadas por el imperativo del contenido bíblico. Sin la exposición, interpretación y aplicación adecuada del texto bíblico, la predicación puede ser emocionante pero sin trascendencia. Se puede volver un instrumento de manipulación y hasta servir para la glorificación del exponente. Solo la Palabra de Dios tiene el poder de transformar y traer vida. ¡Confiemos en su eficacia!

Fingimiento de la manifestación del Espíritu Santo – La presencia del Espíritu en la iglesia es una promesa cumplida y sus manifestaciones son muchas y muy diversas. Siendo que el Espíritu es invisible, anhelamos maneras tangibles de percibir su presencia. Cuando esas manifestaciones no se dan, de modo que llenen expectativas previas, existe la tendencia a forzar o hasta fingir tal manifestación. Esto, no solo es engañoso, sino que es un pobre sustituto de la verdadera experiencia pentecostal. Tales expectativas deben rendirse al Espíritu para que su presencia autentica sople y haya genuina edificación.

Sentimiento anti-educacional – Este sentimiento parece ser producto del temor a lo desconocido y se acentúa por una visión limitada de la obra de Dios en el mundo. El rechazo a la educación tiene distintas manifestaciones y algunas son muy sutiles. El énfasis en la inminente venida del Señor o en la necesidad urgente de obreros para la mies hace que la formación bíblica, teológica, ministerial y/o profesional descienda en prioridad. También, los pocos recursos asignados por las iglesias y denominaciones a los programas de educación nublan la importancia de este imperativo. Aunque esto ha venido cambiando, es necesario seguir avanzando.

Énfasis en la apariencia exterior – Por muchos años, el cambio en apariencia externa ha sido visto como el resultado inminente de una transformación interior. Aunque esto puede ser cierto en algunos casos, la generalización nos puede llevar a un gran error. Hay gente que cambia su manera de vestir y de peinarse pero su corazón y su mente no han cambiado. Es más fácil afeitarse la barba y cortarse el cabello que someter la vida a la voluntad de Dios. Una vez más, hacer hincapié en lo que podemos ver nos lleva al mal juicio. Por lo tanto, el énfasis debe ser en la urgente prioridad de que cada persona reciba de Dios un cambio real y transcendente.

Separatismo del cuerpo de Cristo – El falso sentido de superioridad espiritual lleva a considerar a otros hermanos y hermanas en Cristo inferiores en la fe. Se piensa que ellos no tienen el evangelio completo, son fríos o están muertos. Como resultado, solo lo que tiene el sello de “pentecostal” es aceptable. Esto fomenta una gran división en el Cuerpo de Cristo. Aunque esto puede ser históricamente la reacción al desprecio que recibió el movimiento pentecostal en sus comienzos, es tiempo de sanar y de madurar. El desafío es a ser proactivos y ver más allá de nuestro propio campamento. Dios está haciendo cosas maravillosas en medio de su pueblo. ¡A unidad nos ha llamado el Señor!

En los 36 años que llevo predicando el evangelio nunca he estado más entusiasmado al ver lo que Dios está haciendo entre las nuevas generaciones de pentecostales y de otras tradiciones cristianas. Hoy, nos toca a creyentes, líderes y pastores hacer nuestra humilde contribución para que nuestro movimiento se mantenga real, efectivo, y relevante para las generaciones emergentes hasta la venida del Señor.


José Daniel Montañez

Lead Pastor, Central Church of God / Iglesia de Dios Central

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