Cuando Dios se glorifica en el más pequeño – David y Goliat

David y Goliat, una de las historias bíblicas más narradas en nuestros días y a la vez una de las historias que nos hace comprender  el poderío de Dios frente a las grandes adversidades. En forma afirmativa, nuestro Dios no se limita a las circunstancias, al recipiente, a un lugar o espacio. Nuestro Dios va más allá de lo temporal, de lo limitado y de lo vano, El solo es Dios y en cualquier escenario muestra su gloria.

Nosotros solo somos frágiles criaturas, débiles e inofensivas que necesitamos de alguien superior para poder sobrevivir. Es cierto que hay muchos hombres que prefieren no acudir a Dios, que piensan que  con sus propias fuerzas pueden hacerlo todo, pero eso no es así querido lector, necesitamos de un Dios, de un Creador y simplemente todo lo que hacemos lo hacemos por su infinita gracia y deidad.

¿Alguna vez has leído esta famosa historia? Yo la he leído muchísimas veces, he predicado sobre ella, he hecho otros artículos sobre la misma, la he leído multitudes de veces, y aun así no dejo de enfocarme e impresionarme en ella. ¿Quién fue David antes de luchar con Goliat? Muchos han vivido con la mentalidad de que él era un simple pastor de ovejas, alguien que no conocía de guerra, sin embargo, la Biblia nos dice lo contrario, veamos que nos dice:

Recordemos que en el capítulo 16 Saúl es atormentado por un demonio y es el momento en el cual se piensa en David para que toque delante del rey:

Entonces uno de los criados respondió diciendo: He aquí yo he visto a un hijo de Isaí de Belén, que sabe tocar, y es valiente y vigoroso  y hombre de guerra, prudente en sus palabras, y hermoso, y Jehová está con él. (I Samuel 16:18)

Vemos cualidades impresionante en David, las cuales nos dan a demostrar que él no era un simple pastor de ovejas, incluso, nos damos cuenta más adelante que ya él ejercía otro oficio:

Y viniendo David a Saúl, estuvo delante de él; y él le amó mucho, y le hizo su paje de armas. (I Samuel 16:21)

 Ahora bien, debemos entender, que a pesar de las cualidades que nos narra el verso 18 del capítulo 16, David era un muchacho todavía. Y es por esto que Saúl le dice las siguientes palabras cuando el mismo le habló de ir a pelear contra el filisteo Goliat:

Dijo Saúl a David: No podrás tú ir contra aquel filisteo, para pelear con él; porque tú eres muchacho, y él un hombre de guerra desde su juventud. (I Samuel 17:33)

Humanamente hablando Goliat tenía todas las de ganar: era sumamente alto, había peleado desde su juventud. Las desventajas de David se centraban en que era un muchacho que no poseía las mismas experiencias que aquel gigante. Pero nuestro Dios no se limita a que seamos muchachos, débiles, de poca experiencia, en que no sepamos hablar, etc. Más bien, como dije en nuestro párrafo de apertura, nuestro Dios no se limita a nada de eso, El hace como él quiera en quien El quiera.

Muchas veces, las personas que están a nuestro alrededor no comprenderán aquellas cosas que Dios puede hacer en un momento dado y humanamente lo único que harán será decirnos que nosotros no lo podemos hacer porque nos falta esto o aquello. Pregunto: ¿Qué harás en aquellos momentos? ¿Te llevarás de la voz de Sambalat y Tobías que te dice que no lo puedes lograr, o te llevaras de las promesas de Dios que se esconden en su Palabra? La respuesta de David es una de esas brillantes respuestas que le pueden dar un gran impulso a nuestra fe:

David respondió a Saúl: Tu siervo era pastor de ovejas, de su padre; y cuando venia un león, o un oso, y tomaba algún cordero de la manada, salía yo tras él, y lo hería, y lo libraba de su boca; y si se levantaba contra mí, yo le echaba mano de la quijada, y lo hería yo lo mataba.

Fuese león, fuese oso, tu siervo lo mataba; y este filisteo incircunciso será como uno de ellos; porque ha provocado al ejército del Dios viviente.

Añadió David: Jehová me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo. Y dijo Saúl a David: Ve, y Jehová esté contigo.

                (I Samuel 17:34-37)

Me gusta la respuesta de David, puesto que a pesar de el ser un muchacho, tenía seguridad en cada una de sus palabras, pero él no tenía seguridad en sí mismo, él tenía confianza en el Dios que le había dado innumerables victorias al pueblo de Israel, y sabía que ese Dios continuaba siendo el mismo. En su respuesta ya no vemos a un muchacho, ya no vemos debilidad o miedo, vemos firmeza, que es justamente lo que le faltaba a todos los varones de guerra del pueblo de Israel, incluyendo al rey.

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